Necesitamos un estudio actualizado acerca de la Biblia que leemos.


Muchas veces somos esclavos del desconocimiento. Éste nos hace rechazar determinados temas, en ocasiones llegando a conclusiones bien alejadas del mensaje original. Cuando pensamos en estudiar la Biblia debemos entender que no es sólo interpretar correctamente el texto que tenemos delante, sino también saber que tan confiable es dicho texto y cómo podemos acercarnos lo más posible al texto original. Ésta no es tarea fácil, pues se sujeta a una historia de 6 000 años y a algo más: No contamos hoy con los textos autógrafos. Esa es la razón por la que se necesita urgentemente caminar por el tema de la crítica textual. Éste ha sido secuestrado por los seminarios y universidades. 
No está mal que en estas instituciones se actualicen y se profundice en dicho tema, lo errado es pensar que es sólo para que sean parte de la llamada teología "avanzada". Son el laicado los que se encuentran en las calles representando al cristianismo, es el miembro de la banca el que tiene que lidiar con los misioneros de a pie de las diferentes sectas, o con aquellos nuevos conversos o ya de tiempos en la fe que sus curiosidades espirituales le llevan a la red en busca de información muchas veces manipulada.
 Debemos comenzar diciendo que mucho se ha especulado sobre el tema. El hecho de ser historia implica un desafío que se encuentra precisamente en su esencia. La historia llega a nosotros por varias vías y estas pueden describirla o interpretarla. Lo perfecto sería la primera porque así pudiéramos nosotros analizarla, pero la realidad es que nos llega a través de sus intérpretes en el por ciento mayoritario, obligándonos a abarcar más allá de una fuente en cada tema que estemos investigando. De esto podemos concluir que la gran víctima del registro histórico es la verdad.
A través del Nivel III, Discipulado para ministerio del siglo XXI, una introducción al desafío de la crítica textual, libro II, podemos hacer un recorrido por los temas más generales en el estudio acerca del texto bíblico, sin perder de vista que es la Palabra escrita de Dios y, por ende, merece nuestro compromiso de ser fiel a ella. Todo lo que ella incluye es de suma importancia para el hombre al describir todo el plan de Dios hacia él.
Ahora, la pregunta con la cual se debe comenzar cualquier estudio de este tema sería: ¿Qué tipo de libro había en nuestras manos cuando fuimos evangelizados o discipulados? La respuesta más coherente y apegada a la verdad es que tenemos en nuestras manos una versión o traducción bíblica. Es el esfuerzo de todo un equipo de trabajo por presentar la mejor traducción y versión de las Sagradas Escrituras, pero a partir de algunas pre-suposiciones teológicas e inclusive presupuestos financieros. Un cristiano que no entienda estas cosas a profundidad muchas veces será victima del prejuicio que le hará indisponerse o comprometerse desmedidamente con alguna versión en especial. 

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